Tal pareciera que el cielo ha llorado lo que mis ojos se niegan a llorar. Llorar toda la tristeza y el dolor que hay en mi interior y no me permite respirar, ese dolor que agobia y desespera.
Tal pareciera que las nubes se apiadan de mí y me prestan las claras lágrimas para compensar el estío que me invade.
Sin embargo a pesar de su gesto, no encuentro consuelo y la sensación no cede.
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