He sido envenenada por el ácido sabor de los celos, ese nudo cruel que se aprieta angustiosa y fuertemente a la boca del estómago, tan fuerte que duele el alma. Tienen el sabor amargo de la cicuta y crean la misma deseperación en el espíritu, embotan los sentidos y nublan la razón.
El único antídoto conocido es el delicioso roce de tus besos mientras me desnudas desesperadamente y gimes con dulce anhelo antes de poseerme.
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